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Debatir en democracia y democratizar el debate: dos retos pendientes en América Latina

Rawill Guzmán


Aprender a debatir dejó de ser una elección y se convirtió en una obligación moral para los latinoamericanos en los tiempos que vivimos. Esto se debe a que en el debate se encuentra la esencia de nuestra democracia, la cual es el intercambio razonado de ideas para encontrar la más útil dentro de ellas. Sin embargo, esto no es tan fácil porque existen dos grandes retos que lo impiden: las «democracias» latinoamericanas no siempre están abiertas al debate y los latinoamericanos no siempre están en la mejor capacidad de debatir.

El primer problema se resuelve a través de la discusión constante sobre los temas de interés público. Para esto será necesario detectar el autoritarismo hereditario en nuestra región. Este se expresa en gobernantes que activamente quieren imponer sus ideas y en ciudadanos que sumisamente no las cuestionan. En cambio, cuando se generan grandes debates sociales, entonces los funcionarios se ven presionados a tomar decisiones basadas en razones en vez de caprichos.

Es por esto que no basta con participar de las elecciones para delegar toda la carga de la administración de nuestros países sobre algunos elegidos. Por el contrario, nuestras voces también deben servir para construir un desarrollo inclusivo y participativo. Solo expresarnos no es suficiente, sino que también hay que hacerlo por medio de argumentos bien fundamentados y no simples afirmaciones gratuitas. En resumen, debemos crear una cultura de debate ciudadano antes que una cultura de la dependencia de gobernantes.

El segundo problema se resuelve a través de la educación de calidad y cantidad en debate. Si bien todos tenemos derecho a expresarnos, no siempre contamos con la capacidad de hacerlo de la manera más efectiva, lo cual hace que el mensaje se quede a mitad de camino. Es importante reconocer esto porque los grandes logros que hemos alcanzado como región deben ser defendidos no solo por medio de la expresión de ideas sino de la explicación de argumentos coherentes y convincentes.

De ahí que sea necesario democratizar el debate en América Latina para que todos seamos capaces de persuadir con nuestra opinión y de ser persuadidos, en vez de manipulados, por una opinión contraria. Al mismo tiempo, esto nos permitirá ser tolerantes de lo que piensan los demás, incluso cuando no compartimos sus ideas. Ahora bien, la promoción del debate no estará libre de enemigos, sobre todo en unos sistemas políticos que, en su mayoría, nos prefieren sumisos.

El debate no resolverá todos los problemas de América Latina, pero sí nos permitirá crear el espacio para intentar solucionarlos. Esta y otras reflexiones me motivaron a escribir el libro “Introducción al Debate” como un recurso para educar profesionales más tolerantes y críticos que, a su vez, promuevan una sociedad más consciente e inclusiva. Los enlaces a esta obra se encuentran disponibles en: https://linktr.ee/rawillguzman.