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La Argentina Emocional

Ignacio Verón


“Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino” (El Hombre en Busca de sentido- V. Frankl, 1946) Frankl fue un neurólogo y psiquiatra austriaco, fundador de la Logoterapia luego de sobrevivir a los campos de exterminio Auschwitz y Dachau desde 1942 hasta 1945.


Tras doscientos cuatro años desde que la Argentina se independizó de la corona española, las palabras de Frankl siguen interpelando a una sociedad que parece estar enviciada con las efervescencias económicas, políticas y sociales según la coyuntura imperante. Como sociedad, nos sabemos capaces de lograr lo que nos propongamos, pero al mismo tiempo nos invade un sentimiento de profunda resignación que nos devuelve a nuestros propios muros, nuestros propios "campos de exterminio", los campos de hoy, la pobreza e indigencia, la desigualdad, la corrupción, la violencia, entre otras cuentas pendientes. ¿Será posible que, mediante la correcta gestión de emociones y pensamientos, posteriormente llevados a a la acción, se pueda transformar la realidad en la que vivimos?


200 años ¿y ahora?


"A su término fueron preguntados ¿Si quieren que las provincias de la Unión fuese una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli? Aclamaron primeramente llenos de santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del país&" (Acta de Independencia Argentina, Tucumán, 1816).


Argentina es un país complejo. Según estimaciones del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 50% de los argentinos estaría bajo la línea de pobreza. Vivimos en un país donde aún no sabemos la razón por la que un fiscal de la República es encontrado muerto horas antes de presentar una denuncia que involucraba a los más altos funcionarios del gobierno argentino de aquel entonces. La droga no discrimina, tenemos argentinos en nuestras villas de emergencia que están

fumando "paco" porque el químico, dicen, les calma el hambre, y no hace mucho tiempo atrás, lamentábamos la muerte por sobredosis de cinco jóvenes que asistían a la fiesta de electrónica "Time Warp".

Tenemos centros de rehabilitación atestados de personas en busca de ayuda a lo largo y ancho del país, y madres peregrinando por las plazas pidiéndole al Estado la internación de sus hijos adictos, en fin, la lista de ejemplos continúa, pero en honor a la gravedad, basta para ilustrar al lector los aquí citados.


¿Qué nos pasa como sociedad?, ¿qué nos ocurre cómo región?, quizás nos tendremos que empezar a preguntar sobre nuestra noción de éxito y felicidad, sobre qué y cómo pensamos. Preguntarnos en qué creemos, qué nos enoja y qué nos angustia, cuáles son nuestros valores y códigos, nuestros relatos.


Existe también otro país, es la Argentina solidaria, la de millones de compatriotas que asistieron a miles de personas en las últimas inundaciones del Litoral, o donan hasta lo que no tienen para los hermanos jujeños que sufren el segundo alud consecutivo.

Podemos elegir ver el amor puesto en un plato de comida en los miles de comedores comunitarios que existen en el país, o podemos elegir quedarnos con que aún hay comedores o pobreza, cada uno elige.


Optar por alegrarnos con los cientos de voluntarios anónimos que "cambian el mundo" todos los días, desde donde les toca, los que ponen manos y pies en el barro, o colocar la energía en la crítica constante y la resignación. La novedad es que hay buenas noticias ocurriendo todo el tiempo, en todos lados, nosotros tendremos que elegir qué pensamiento, y por ende, qué emoción, pondremos al servicio de nuestra vida y la de los demás.


Siento, luego existo

- No - dijo el principito - Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"?

- Es algo demasiado olvidado - dijo el zorro. - Significa "crear lazos..."


La Fundación Marcelino Botín ha realizado en el ámbito mundial, una serie de estudios sobre Inteligencia Emocional y Social. Los resultados de estas investigaciones fueron volcados en diversos informes, reconocidos a nivel internacional por distintas Universidades y centros de estudios.


En dichos informes, se menciona que el concepto "inteligencia emocional" fue introducido por Salovey y Mayer, y popularizado posteriormente por Daniel Goleman en su libro "Inteligencia Emocional" donde se destacaban sus cinco dominios: las habilidades para comprender nuestras emociones, la gestión de nuestros sentimientos, la automotivación, el reconocimiento de las emociones en los demás y la formación de relaciones positivas. Por su parte, Katherine Weare, Profesora de Educación en la Universidad de Southampton, Inglaterra, la describe como: "la capacidad de comprendernos y de comprender a los demás, en particular de ser conscientes, comprender y utilizar información acerca de los estados emocionales de nosotros mismos y de otros de forma competente. Incluye la capacidad de comprender, expresar y manejar nuestras propias emociones, y de responder a las emociones de los demás, de formas que sean útiles para nosotros y para los demás" (F.Botín, 2008).


Esto va de la mano con los últimos descubrimientos neurológicos. Se explica en el informe que los neurocientíficos como Damasio, han demostrado que en nuestros cerebros las emociones y el pensamiento no son actividades separadas, sino que constantemente se relacionan entre sí. Los seres humanos no piensan en contra de sus emociones, ni incluso en relación con ellas: todos pensamos a través de nuestros sentimientos. La evidencia científica sobre todo esto está académicamente fundamentada y aceptada.


Como caso particular, merece mencionarse el de Dinamarca. Este país cuenta con un sistema educativo caracterizado por una serie de principios relevantes, las clases no solamente se centran en los conocimientos académicos, sino que procuran que los alumnos desarrollen capacidad de diálogo y colaboración. Desde el preescolar se les enseña a trabajar en equipo y a solucionar problemas de forma pacífica y dialogante. No sería muy errado pensar que los valores que la sociedad danesa cultiva en sus aulas, traen como resultado un país que posee uno de los gobiernos más responsables y menos corruptos del mundo, los índices de respeto más elevado por los derechos fundamentales y una justicia que llega en tiempo, diligente y efectiva. (Proyect, 2015).


No es un caso aislado el de Dinamarca. Ya en 1996 la UNESCO publica su informe titulado "Learning The Treasure Within" compilado por su Comisión de Educación para el siglo XXI. Vale reflexionar sobre el siguiente párrafo de dicho informe: "La Comisión no resistió a la tentación de añadir nuevas disciplinas como el conocimiento de sí mismo y los medios de mantener la salud física y psicológica, o el aprendizaje para conocer mejor el medio ambiente natural y preservarlo. Y sin embargo los programas escolares cada vez están más recargados. Por tanto, será necesario escoger en una clara estrategia de reforma, pero a condición de preservar los elementos esenciales de una educación básica que enseñe a vivir mejor mediante el conocimiento, la experimentación y la formación de una cultura personal" (UNESCO, 1996).


Si colocamos al sistema educativo argentino bajo la lupa de estos estándares internacionales, con facilidad podrá observarse su morosidad y vetustez en relación a los tiempos actuales.

Replantearse la manera en la que se está educando una sociedad es preguntarse por el tipo de sociedad que se quiere proyectar a futuro. Parecería que ha llegado el momento de no conformarnos con poseer una educación pública y gratuita de calidad, sino dar un paso más, incorporando nuevas prácticas que ya están dando resultados exitosos en el mundo, véase sino el caso de Uruguay, donde la educación emocional a desembarcado en las aulas de la mano de Ilan Barjalia y el proyecto “Educación Responsable”


¿En dónde y desde donde aprender?

- Adiós - dijo...

- Adiós - dijo el zorro. - Aquí está mi secreto. Es muy simple: solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.


"La Ciénega" es un inhóspito lugar ubicado en la zona de alta montaña de los Valles Calchaquíes, Tucumán, Argentina. Solo se puede llegar hasta allí a pie o a lomo de mula, luego de unas cuatro horas de viaje. Encontrarán en ese lugar una escuela, una antena de radio, las casas de los pocos habitantes que quedan y nada más. Es un lugar detenido en el tiempo. No le tocó aún la velocidad de internet, ni el vidrio de las pantallas, allí todavía se dice "te quiero" sin utilizar whatsapp. La única maestra de la escuela, la Srta. María, hace a la vez de cocinera, enfermera, directora, conserje y madre. Aprendí mucho en ese lugar. Llegada la hora de la clase, los únicos diez alumnos de la escuela se peleaban por darnos el lugar sin importarles sentarse en el piso para que nosotros ocupemos las sillas del aula. Había un respeto solemne durante toda la clase, el almuerzo se organizaba de manera tal que, mientras unos prendían el fuego, otros picaban las verduras y los demás armaban la mesa. El mejor curso sobre trabajo en equipo que tuve. Aprendí también sobre el verdadero liderazgo, ese que se ejerce desde la humildad y el servicio. La Srta. María era la última en sentarse a la mesa y la primera en levantarse para continuar con sus tareas. Fui testigo de lo que significa compartir, había un pedazo de pan cada dos personas, el que lo recibía, lo partía por la mitad y se lo entregaba al compañero de al lado. Se daba las gracias antes de empezar el almuerzo y al finalizarlo.


En esa escuela no había ninguna asignatura llamada "educación emocional" y sin embargo, me enseñaron desde y a través de emociones. ¿Cómo impacta todo esto en el entorno de la montaña? Bueno, seguro habrá otras variables, pero nadie te mata en ese lugar por un celular o por un par de zapatillas. No existe allí la droga, cada uno trabaja en lo suyo, en "lo que vinieron a hacer".

No es este un paraíso, claro que ahí también tienen sus problemas, pero lo interesante no es la existencia de conflictos, sino el tipo y la manera que tienen de resolverlos.


Conclusión

Todo comienza con una idea. Ahora también sabemos que como sentimos, pensamos, de ahí la importancia del cuidado y la gestión de nuestras emociones. Modificar el sistema de creencias, aparentemente, nos llevaría a modificar la realidad en la que estamos inmersos. Como país, no somos solo las cosas malas que pasan, también fuimos y somos capaces de ser otras cosas. ¿Qué emociones motivan un pensamiento que, llevado a la acción, termina libertando Argentina, Chile y Perú?; ¿qué emoción poderosa te hace abrir un comedor, ser voluntario, abrigar al que tiene frío? Tal vez sea esa irrenunciable emoción, ese convencimiento innato de que el bien es posible y además, mayoría.

Quizás sea esa luz que alberga cada uno, que mientras más se comparte, más ilumina.