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La disCAPACIDAD hecha educación

Isabella Lopera Arango


“Tenemos que reconocer que son los currículos, y no los estudiantes, los que están "discapacitados". Por tanto, debemos "arreglar" los currículos y no estudiantes" (CAST, 2011, p. 1).




Pocos se atreverían a no considerar a los niños el futuro de una sociedad, pero son aún menos los que son conscientes de que ellos forman la mayor parte del presente de la misma; lo que significa que cualquier intervención que se haga desde la niñez será la que, con el tiempo, permanecerá y dará fruto de manera positiva o negativa. Por tal motivo desde la educación es importante prestar especial atención a todo lo que puede influir dentro de los procesos de enseñanza-aprendizaje. Lo anterior, solo es posible por medio de un trabajo riguroso en términos de políticas y currículos que incluyan a una sociedad tan diversa como la colombiana.


La UNESCO define inclusión como “un enfoque que responde positivamente a la diversidad de las personas y las diferencias individuales, entendiendo que la diversidad no es un problema, sino una oportunidad de enriquecimiento en la sociedad, a través de la participación activa en la vida familiar, en la cotidianidad, en los diferentes entornos del contexto y en la comunidad” (2005). Pero ¿Cómo se ve esto reflejado en un currículo? ¿Qué tiene que ver lo anterior con los procesos de enseñanza-aprendizaje y las dinámicas que se dan dentro del aula?

Estás preguntas son difíciles de responder si no se tiene en cuenta la evolución que ha tenido el concepto “inclusión” en Colomba a lo largo de la historia y sus implicaciones en el currículo.


En épocas pasadas no se concebía si quiera habar de inclusión, era común que existieran comunidades segregadas o "apartadas" debido a diferentes condiciones que normalmente hacían alusión a una discapacidad; sin embargo, se debe tener en cuenta que existía un alto grado de exclusión también hacia ciertos grupos religiosos, políticos o personas con problemas económicos, emocionales y/o psicológicos. Ahora bien, el vocabulario que se usaba anteriormente para referirse a este tipo de personas también era un factor determinante para que las brechas sociales fueran cada vez más anchas. En el siglo XV eran conocidos como “anormales”, en el XVI como “inocentes”, en el XIX como “sordos, ciegos, deficientes mentales” o “incluso inadaptados” (Ramirez-Balbuena, 2015).


A medida que van cambiando las connotaciones también se ha evidenciado una evolución en la manera de pensar de las personas frente a este tema. Lo que muy poca gente sabe, es que para hoy en día se pueda hablar de inclusión, se tuvo que recorrer un largo camino pasando por los siguientes términos:

  • Exclusión: Haciendo referencia a que personas con ciertos distintivos marcados y fuera de lo común eran alejados y rechazados de manera intencional por un grupo de personas numerosas.

  • Separación: Cuando ese grupo de personas “rechazadas” decide hacer su propia comunidad apartados de la sociedad.

  • Integración: Cuando físicamente el grupo de personas rechazadas comparten espacios con la sociedad, pero sin ser incluidos.

  • Inclusión: Cuando las condiciones en las que se encuentran ambos “grupos” de personas son las mismas.

Lo anterior se puede ver materializado en la siguiente gráfica:


Imagen tomada de: https://images.app.goo.gl/kyvfgJfW59uNzjUQ6


Si se profundiza en el tema, es coherente afirmar que antes de que se empezara a hablar de inclusión educativa, se hablaba de inclusión social, lo cual tenía una repercusión directa en el ámbito económico, cultural y político, no solo a nivel comunidad, sino a nivel país. Un dato importante a tener en cuente es que alrededor del año 1994, tuvo lugar una conferencia mundial organizada por la UNESCO en donde el eje principal eran las necesidades educativas especiales, la cual dio inicio a una serie de suecos en pro de la inclusión.


Sin embargo, es importante recalcar que, desde hace más de 40 años, en 1948, la declaración de los derechos humanos establecía “igualdad de condiciones” para todos. Si, es un concepto muy ambiguo, pero fue lo que sentó un precedente para que en Colombia, en el 2013, se diera a conocer la Ley 1618 “por medio de la cual se establecen las disposiciones para garantizar el pleno ejercicio de los derechos de las personas con discapacidad” (MSP, 2013).

Nótese que está ultima Ley fue expedida dentro del ámbito de la salud, en términos educativos solo se hablaba de la Ley 115 de 1994.


Gracias a la evolución que poco a poco se fue dando en términos sociales, el ámbito

educativo se vio “retado” a diseñar una malla curricular “adecuada” para toda la población, dando así, un paso hacia la inclusión. Es ahí donde se empieza a trabajar en lo que ahora se conoce como el decreto (no ley) 1421 de 2017 “por el cual se reglamenta en el marco de la educación inclusiva la atención educativa a la población con discapacidad” (MEN,2017). Desde entonces se empezaron a tomar en cuenta conceptos como “individualidad en el aprendizaje”, “ajustes razonables” y “cada estudiante tiene su propio ritmo”.


Frente a esto, lo que se puede deducir es que el gobierno ha optado por brindar estrategias o enfoques principalmente correctivos en cuanto al planteamiento de currículos que se articulen con las políticas encaminadas a propuestas curriculares pertinentes. Lo anterior hace que el tránsito de las instituciones educativas a la hora de implementar estas nuevas herramientas con los diferentes niveles educativos sea más llevadero.


Por otro lado, es claro que en los últimos años el Estado viene adelantando una serie de

esfuerzos que propenden por “apoyar” de alguna u otra manera a los docentes en el aula, generando estrategias pedagógicas variadas y flexibles que posibilitan el diálogo con el objetivo de conocer las necesidades y las expectativas de los estudiantes. Así bien, se genera un efecto cascada que hace posible desarrollar currículos más efectivos que comprendan los entornos y el verdadero sentido de servicios educativos, dando a los estudiantes la posibilidad de tener experiencias de aprendizaje significativo valorando la individualidad.


Teniendo en mente lo anterior, es posible afirmar que la educación en Colombia se

encuentra en un periodo de transito con miras hacía un modelo inclusivo. Un claro ejemplo de esto es la adopción de DUA (Diseño Universal de Aprendizaje), mencionado en el decreto 1421 de 2107 que lo que pretende es incrementar la posibilidad de aprendizaje a través de un conjunto de principios y estrategias que orientan al maestro en la formulación de metodologías flexibles teniendo como principal pilar la diversidad en el aula (Pastor, A. 2011).


A manera, de conclusión, es coherente decir que, en con el paso de los años la inclusión a dado un vuelco en términos educativos; lo que antes se percibía antes como una “deficiencia” o “falla” en la persona, hoy todo (políticas, decretos, proyectos, cambio de mentalidad, cultura) está siendo encaminado a que, dicha “discapacidad” se vea como una oportunidad para que, a través de la práctica pedagógica, se puedan incluir diferentes formas de aprender y por ende de enseñar. Lo cual repercute directamente en la flexibilidad de los currículos y en la labor docente, quien debe tener la capacidad de reflexionar y constantemente evaluar su quehacer, haciendo realidad la premisa de que la educación es un derecho para todos.


REFERENCIAS

Center for Applied Special Technology - CAST. (2011). Universal Design for Learning Guidelines (V.20). Wakefield, MA: Autor.

Colombia, C. D. (2013). Ley 1618 de 2013. Ley estatutaria de la discapacidad en Colombia.

Colombia, C. D. (1994). Ley 115 de febrero 8 de 1994. Ley general de educación.

Colombia, C. D. (1994). Ley 1421 de 2017. Decreto educación inclusiva.

Pastor, C., Sanchéz, J. M. & Zubillaga, A. (2011) Diseño Universal para el Aprendizaje

DUA: Pautas para su inclusión en el currículo.

Ramirez-Balbuena, W. A. (2015). La inclusión: Una historia de exclusión en el proceso de

enseñanza- aprendizaje. Cuadernos de Lingüística Hispánica, (30), 211-230. doi:

https://doi.org/10.19053/0121053X.n30.0.6195