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ME LLAMO GUSTAVO PETRO Y SOY SU PRESIDENTE*


Melisa Trad


*Originalmente publicado en lamecha.ar: https://bit.ly/3nqcB0q


Ante una multitud, el presidente electo de Colombia festejó su victoria levantando las banderas de la paz, la justicia social y la justicia ambiental.



Persevera, persevera y triunfarás. Quién mejor que Gustavo Petro para ponerle firma al refrán. Su primera campaña presidencial allá por el 2010, lo dejó en cuarto lugar. Aunque estuvo cerca, tampoco se le dio en el 2018 después de ser derrotado en segunda vuelta por el actual presidente, Iván Duque. En su tercera elección, se convirtió en el presidente más votado de la historia de Colombia.


El 50,44% de las y los colombianos decidieron apostar por el economista de 62 años para guiar los destinos del país desde el próximo 7 de agosto hasta el 2026. En un récord absoluto, Petro recibió 11.281.013 de votos. Esto significa que logró que casi tres millones de personas más que en la primera vuelta introdujeran su nombre en la urna. Atrás quedó el autoproclamado outsider, el magnate de la construcción devenido “el viejito de Tik-Tok”, Rodolfo Hernández, que le competía en esta segunda vuelta. También la derecha oficialista y tradicional de un país que a los gritos pedía un cambio.


El primer gobierno de izquierda


En 200 años de historia, alrededor de 40 familias gobernaron Colombia. Ninguna de ellas puede considerarse de izquierda. A diferencia de la historia del resto de la región, en Colombia los líderes de izquierda que estuvieron más cerca de colocarse la banda presidencial fueron asesinados. Sobre todo en tiempos de Guerra Fría, cualquier movimiento cercano a esa ideología buscaba ser “aplacado”, por usar un término suave. La realidad de un país desigual fue el germen mismo de la creación de las guerrillas que por años protagonizaron las peores pesadillas del Estado colombiano. Alrededor de los años 90, estos grupos experimentaron un acercamiento al terreno del narcotráfico, algo que no podía terminar bien. Como si unas muertes valieran más que otras, el mundo tuvo una tendencia a echar luz sobre los atentados de las guerrillas y en cambio hizo oídos sordos cuando al gatillo lo presionaba el Estado o los grupos de paramilitares. Esa historia manchó para siempre a la izquierda en un país que parecía no poder distinguir a los guerrilleros de los candidatos de ese color político. Hasta hoy.


Abrazo entre Petro y Márquez. (Foto: Twitter)


Finalmente, a Colombia lo gobernará un hombre de izquierda. La cantidad de posibilidades en esa misma sentencia es infinita: que las izquierdas son muchas y las preguntas también. Representante de una amplia coalición de izquierda y centro como es el Pacto Histórico, la cuestión es en qué parte del espectro podremos encontrar a Gustavo Petro. Por ahora, nadie puede enunciar respuestas infalibles. Lo que sí podemos hacer es echarle un ojo a las propuestas más disruptivas que pretende implementar el presidente electo que promete un “gobierno de la paz, la justicia social y la justicia ambiental”.

Una de sus apuestas tiene que ver con enfrentar la concentración de la tierra a través de una Reforma Agraria. Según reporta BBC Mundo, más de la mitad de las tierras de Colombia (más precisamente el 52%) está en manos del 1.5% de la población. Ante las consecuencias sociales y políticas que esto ha tenido históricamente en ese país, Petro prevé establecer impuestos a latifundios, incentivar la actividad en tierras que no estén produciendo y redistribuir la tierra.

Por otro lado, en un intento de traducir en políticas los reclamos de los estallidos sociales que Colombia vivió en 2019 y 2021, el presidente electo busca instaurar un Sistema de Salud único, público y universal que no dependa de la capacidad de pago de los pacientes. Pretende así reemplazar al sistema actual, acusado de corrupto. Haría lo propio también con las Pensiones: en un intento de ampliar ese derecho, Petro propone un sistema unificado cuyo mayor administrador sea el Estado en lugar de las AFP privadas.

Fiel a su propia historia y formación, no podía quedar afuera la bandera de la lucha contra el Cambio Climático. Los índices macroeconómicos de Colombia ofrecen una imagen de estabilidad y crecimiento sostenido. Esa realidad se alimenta de la exportación de materias primas no renovables, constituyendo el crudo casi el 50% (lo que representa el 10% de los ingresos del Estado, según datos de BBC Mundo). Gustavo Petro pretende comenzar a desmontar la industria petrolera. En su discurso de victoria aclaró: “Nosotros vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia, no porque lo adoremos, sino porque tenemos primero que superar la pre modernidad en Colombia, el feudalismo, los nuevos esclavismos. De ahí saldrán formas del capitalismo ojalá democrático, productivo, no especulador”. Y agregó: “queremos transitar de la vieja economía extractivista hacia una nueva economía productiva. Sólo sobre la base de crecer económicamente, de producir, es que podremos entonces también redistribuir. Producir sin que se afecte la dignidad humana, regulados de tal manera que no se afecte a la naturaleza, el agua, el páramo, el pájaro”. Petro ha dejado en claro que el cambio climático será también una prioridad diplomática y por eso aclaró, apuntando especialmente a Estados Unidos: “no somos uno de estos países que emiten en enormes cantidades, pero estamos aquí al lado de una de las mayores esponjas que consumen los gases invernaderos que otros países arrojan, la selva amazónica”.


Una victoria también de las mujeres


Anoten su nombre: se llama Francia Márquez. Es la primera persona afrocolombiana en ocupar la vicepresidencia, otro rasgo histórico de esta elección. Ya se sabía que una mujer afro ocuparía ese lugar porque Marelén Castillo era parte de la fórmula de Rodolfo Hernández, compitiendo en segunda vuelta. La diferencia es que a Marelén casi no se le había escuchado la voz. La representación per se no implica necesariamente una amenaza a las estructuras de poder o una promesa de justicia social a los sectores históricamente postergados. Los feminismos plantaron bandera durante el estallido social del 2019 y el 2021 y no iban a irse de esta elección con las manos vacías.



Francia Márquez es abogada y activista por los derechos ambientales –una empresa bastante peligrosa en los tiempos que corren, con cientos y cientos de líderes sociales asesinados desde que se firmó el acuerdo de paz en Colombia. Fue empleada doméstica y es también madre soltera: ¿quién mejor que ella puede comprender las vulnerabilidades de las mujeres y en particular las mujeres negras en Colombia? Aunque aportó su propio caudal de votos para ser parte de la fórmula presidencial, eso no vino sin costos: el patriarcado, el racismo y el clasismo estructurales estuvieron a la orden del día durante toda la campaña. Y sin embargo, no lograron impedir que el último domingo Francia pronunciara las palabras que probablemente emocionaron a más de un colombiano: “después de 214 años, logramos un gobierno del pueblo, un gobierno popular, el gobierno de la gente de las manos callosas, el gobierno de la gente de a pie, de los nadies y las nadies de Colombia”.



Francia Márquez, vicepresidenta electa de Colombia. (Foto: Twitter)

Cuando le llegó la hora de hablar al presidente electo Gustavo Petro, un poco de todo eso también permeó lo que él tenía para decir. “Somos parte de una resistencia que ya tiene cinco siglos: somos la sumatoria de las resistencias de Colombia. Hemos congregado a esos pasados de luchas, de rebeldías contra un mundo que no debería ser, contra la injusticia, la discriminación, la desigualdad”, manifestó.


Un nuevo horizonte


“A partir de hoy, Colombia cambia, Colombia es otra”, aseguró el futuro presidente. En su victoria, el pueblo colombiano se levantó contra el actual gobierno de Iván Duque, la fuerza política del uribismo que él representa y las elites. Colombia tendrá su primer presidente de izquierda pero el camino no estará libre de desafíos.

La paz sigue siendo casi una utopía en un país que ha sufrido uno de los conflictos armados más prolongados de la región. El gobierno de Duque no terminó de implementar el acuerdo de paz firmado en el 2016, algo que repercute directamente en los fenómenos sociales que condujeron al estallido. En Colombia es hoy urgente detener las masacres y los asesinatos de líderes sociales. También avanzar en un proceso de paz con otros grupos armados aún vigentes, como el ELN; y replantear las estrategias a implementar contra el narcotráfico.

La relación con Venezuela es otro punto a seguir de cerca, relación que hoy está rota porque Duque reconoció a Juan Guaidó como presidente interino. Esto es grave por el comercio bilateral y sobre todo por los casi 2 millones de refugiadas y refugiados venezolanos que ha recibido Colombia desde que empezó la crisis en el vecino país. En medio de denuncias de “castro-chavismo”, Petro ya ha dicho que pretende reestablecer esa relación.

Por último, la falta de mayoría en el Congreso puede convertirse en la piedra en el zapato para muchas de las reformas que Gustavo Petro propone. Sólo el tiempo dirá si es capaz de cuidar las alianzas y generar un acercamiento con nuevas fuerzas políticas. También si logra desterrar el mito de que sólo la derecha sabe administrar de manera eficiente los recursos o que los derechos sociales van a contramano del crecimiento y el desarrollo de los países.

Cuando se iba del escenario, Gustavo Petro levantó la voz: “Le propongo a América Latina integrarnos más decididamente. Una América Latina junta que le pueda gritar a la humanidad que llegó el momento de cambiar, para poder vivir sabroso”. “Vivir sabroso”, esa aspiración noble pronunciada con los colores del Caribe sigue siendo mi parte favorita del discurso de Petro. Ojalá se dé.