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No todo se resuelve con un post

Albert Manuel Troche


Eran las 4:00 de la madrugada cuando siento que el acondicionador de mi habitación se apaga, en fín me percato que se había ido la energía eléctrica. Al instante comienzo a sentir un estruendo muy fuerte que venía de abajo de la tierra y todo se movía. Mis hermanos me gritaban “albert sube” verifica la piscina “alberca” en la oscuridad y con la linterna del móvil voy y verifico el ruído cuando me acerco el agua salía por doquier. Si, era eso una de las réplicas más fuerte de una secuencia de temblores que sentimos en nuestra tierra desde el 28 de Diciembre de 2019 este fue de 6.4 según la escala richter.


Fué una de las madrugadas más largas de mi vida esperando a que saliera el sol. Los “post” en las redes expresaban dolor y preocupación. Los noticieros no dejaban de enviar actualizaciones de lo que pasaba. Los “facebook live” de personalidades comenzaban a transmitir desde el lugar de los hechos. Una vez comienza a salir la luz del día me percato en las redes de la magnitud del sismo en los pueblos donde pasé mi niñez. Peor aún donde he trabajado en los últimos años como docente. La ansiedad y el desespero comenzaron a crecer cuando por mi mente pasaban los rostros de todos y cada uno de los estudiantes, familiares y amigos con los cuales he compartido tanto, preguntas tales como; ¿cómo estarán? ¿perdieron su casa? ¿necesitarán algo? en fín como estan.


Comenzaron a pasar los días y vimos cómo establecieron campamentos militares y tiendas para que la gente durmiera más tranquila para ir levantando poco a poco los pueblos que tanto amamos. Era impresionante ver cómo a días después de la Navidad nuestro país estaba enfrentando este hecatombe. Muy similar o peor a la que vivimos hace un año o meses atrás con el huracán María, esta vez la destrucción era mucho mayor y la pérdida casi incalculable. Con el pasar de los días en una región del país todo comenzó a normalizarse. No obstante, en mi desespero por volver a la normalidad en mi área y a la cotidianidad la cual aún mientras escribo esto no ha sido una realidad. Escribí todo lo que tenía en mi mente, la furia y el coraje los transmití en cada una de las frases y letras que expuse en un post de facebook, no se si buscaba pauta o no pero simplemente quería expresar el dolor que sentía a través de una empatía que nunca había sentido en mi vida por el dolor de mi gente. Justo cuando escribo y comienzan a darle compartir, varios amigos líderes me llamaron y me dijeron albert ¿qué vas hacer? Organizamos la Caravana de la alegría donde llevamos música, personajes y suministros a muchas familias. Jamás en mi vida había pensado que iba organizar una actividad donde iba a llevarle ayuda a mi gente con la colaboración de grandes líderes.


No todo se resuelve con un post como dicen por ahí, el papel aguanta todo lo que se escriba en él lo mismo las redes sociales. Amigos de la red que tus expresiones y desahogos por las luchas de tu país sean el impulso por hacer ese algo que marcará la vida de muchos pero más que eso la tuya. Gracias por su solidaridad y apoyo en estos tiempos difíciles en mi tierra, un abrazo desde Puerto Rico.



La escuela que me vió crecer en Guánica ya que mi mamá fungió como docente más de 30 años.



Mi familia fue vital en la colaboración de este proyecto.



Grandes líderes y voluntarios de organizaciones